Garrido, Martín y Navalón: tres nombres de la feria
José Garrido, que cortó una oreja, firmó muletazos extraordinarios a un gran sobrero de Casa de los Toreros. Entrega máxima y sinceridad a raudales de Ismael Martín y Samuel Navalón, dos toreros que quieren serlo de verdad.
Por Alfonso Santiago / Foto: Plaza 1
Madrid, 3 de junio. 23ª de la Feria de San Isidro. Cerca de tres cuartos de entrada. 4 toros de Montalvo, serios, pero desiguales de presentación y juego, sobresalieron el noble y buen 4º, aunque fue a menos, y el 6º, con buen fondo. De peor nota 2º y el más terciado 3º. 1 (1º) sobrero de Casa de los Toreros, un gran toro, por su clase, entrega y humillación. 1 (5º) sobrero de Fermín Bohórquez, al que le faltó entrega. José Garrido, oreja y ovación tras aviso; Ismael Martín, ovación tras petición y vuelta al ruedo tras petición con aviso; Samuel Navalón, ovación y ovación tras dos avisos.Quiénes no fueron se lo perdieron. Y bien que lo sentirán. Porque después de tres horas de corrida, los nombres de José Garrido, Ismael Martín y Samuel Navalón estarán por justicia entre los destacados de la feria. Tres toreros absolutamente diferentes, en situación difícil pero también distinta, llegaron a Madrid a tirar la moneda. Y cuando los toreros pisan la arena de Las Ventas con esa disposición, esa entrega y esa sinceridad, lo que se les hace a los toros no cae nunca en saco roto.
No pude caer lo bien que toreó José Garrido a un gran toro de Casa de los Toreros, un sobrero que llevaba premio gordo. La clase, la fijeza, la prontitud, la humillación y la entrega de ese animal, aderezado con un fondo de raza importante, le sirvieron al extremeño para demostrar que aún está a tiempo de recuperar el tiempo perdido. Tarea árida, tal y como está la Fiesta, pero no imposible una vez que se le vio manejar el capote y la muleta como lo hizo con ese toro. Algunos podrán decir que debió de cortarle las dos orejas. Y es cierto. Pero Garrido chocó de principio con la frialdad de un publico que tardó en meterse de lleno en su labor.
De ahí que los buenos y empacados lances rodilla en tierra con los que recibió al sobrero tras la devolución del primer titular de Montalvo, se acogieron con cierta distancia. Pero esa primera tarjeta de visita ahí quedó. Luego llegó un gran quite por chicuelinas de manos bajas en el que voló el capote con ritmo, belleza y armonía. Con temple lo pasó en las dos primeras series en redondo, donde el de Casa de los Toreros demostró que estaba dispuesto a colaborar con el toreo bueno. Ese que llegó, sobre todo, con la mano izquierda de José Garrido. Dos tandas de naturales, especialmente la primera, rotundas por la largura, el templado y espléndido trazo, por el compás y por lo que se arrebujó con la embestida. Esa forma de torear marcó por calidad la tarde. También por el poso que mostró Garrido, que se tiró a matar por derecho y cortó una oreja que le supo a gloria.
Fue el único trofeo que se paseó en la tarde. Pero importó poco para el mucho contenido que tuvo el festejo hasta su final. Y ahí contó especialmente la tremenda disposición de Ismael Martín, que se entregó en tromba y sin cuartel, y la no menos llamativa y brillante forma de estar de Samuel Navalón, especialmente con el sexto, al que cuajó una faena de mucho fondo e importancia. Pero también con el tercero.
Martín lo dio todo con dos toros que tuvieron cosas buenas, pero que no terminaron de romper. No le importó. Su forma de tirar para adelante con la corrida, desprendido de cualquier prejuicio, sin atenazarse nunca y siendo fiel a sus maneras, le devolvieron por parte del público esa misma entrega. Con el segundo lo dejó claro desde el primer minuto al echarse de rodillas en el tercio. Una larga, un farol, algunos lances, algunas chicuelinas… Todo sin solución de continuidad. Como su primer tercio de banderillas, donde demostró un gran sitio y una enorme facilidad. No volvió nunca la cara en la faena de muleta y tumbó al toro de una estocada que le valió una petición de oreja que no fue suficiente.
El pulso y el valor de Samuel Navalón fueron clave para asentarse ante el tercero en una primera parte de faena en la que empujó bien la embestida. Cuando el toro no dio más de sí, se metió con sangre fría entre los pitones. La espada quedó trasera y algo contraria, pero la ovación reconoció que lo de allí abajo había tenido mucha verdad.
Esa manera de arrear de sus compañeros hizo que Garrido se marcharse a recibir al cuarto a la puerta de chiqueros con una larga limpia, a la que siguieron algunos lances a la verónica en los mismos medios. Serio el toro, de buenas hechuras y con un fondo de nobleza que José supo aprovechar en una faena también iniciada de rodillas, y que tuvo momentos buenos por ambas manos hasta que el animal se vino a menos. La limpieza y el buen aire de sus muletazos volvieron a marcar la diferencia de la calidad.
Como la marcó Ismael con el quinto de Montalvo, bruto animal que casi le arrolla a portagayola y que le pegó una voltereta de escalofrío cuando lo pasaba a la verónica ya en el tercio. Ni se miró. Poca fuerza tuvo desde ese momento el toro, que fue devuelto al comienzo del tercio de banderillas. Cuando anunciaron la salida del sobrero de Bohórquez, Ismael se fue otra vez se fue a chiqueros. Y desde ese instante, la comunión con la mayoría del público fue absoluta. El par de la moviola con el que cerró el tercio de banderillas y un escalofriante inicio de rodillas con un farol y varios derechazos, abrochados con uno muy largo de pecho, prendieron la mecha. No hubo tregua. Importaron poco algunos enganchones, y sí mucho más la arrolladora manera de ligar los muletazos. Daba la sensación de querer demostrar que el pulso y las buenas maneras en su forma de echarle la muleta al toro, o como había toreado antes a la verónica, terminarán de cuajar poco a poco después de que este tiempo de arrollar y querer se gente le lleve hasta donde él quiere. Se le fue un poco baja la espada y a ello se agarró el presidente para no concederle la oreja, pero la vuelta al ruedo fue unánime.
Y serio el mensaje también de Samuel Navalón ante el sexto, otro toro destacado, sin ser fácil, de Montalvo. También se marchó a los chiqueros a recibirlo para no bajar la tensión de la tarde, y le pegó otra larga en el tercio. Luego hubo un buen quite por verónicas y un inicio de rodillas en redondo en el que se encajó y llevó muy toreada la embestida. Algo que necesitaba el animal, llevarlo en la mano, con el poder y la firmeza como lo hizo el valenciano. Se libró de la cornada al pasarlo al natural, pero sus derechazos y naturales tuvieron un sello caro. Como lo tuvo, otra vez, al meterse entre los pitones. Desnuda la verdad de este torero. Se le puso complicado para matar y lo pinchó antes de enterrarle una entera contraria, con el que dio por finalizada una corrida de emoción y en la que se reivindicó que dentro del escalafón sobran unos pocos toreros y hacen falta otros.