Después de Diego Ventura sigue sin haber nadie

Diego Ventura y su caballo “Bronce” en el quinto de la tarde.

Dos faenas apoteósicas del rejoneador portugués y vigésima salida a hombros de su carrera por la Puerta Grande de Las Ventas.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Plaza 1

Madrid. Sábado, 30 de mayo. 20ª de abono. Lleno. 6 toros de María Guiomar Cortés de Moura. 5º y 6º, excelentes. Rui Fernandes, silencio y ovación; Diego Ventura, ovación y dos orejas. Salió por la Puerta Grande; y Lea Vicens, oreja y silencio.

Bastó con llegar al ecuador de la tarde para confirmar lo que ya se sabía de antemano: al lado de Diego Ventura, todo los demás es de quinta división. la monumental faena al primero de su lote valió ya el precio de la entrada, especialmente desde que clavó perfecto y galopó luego de costado (y desde muy cerca, es importante la observación) a lomos de "Quirico"; quebró luego en cortísimo para poner dos palos tremendos con "Quitasueño", sin espacio físico para consumar la suerte con limpieza, pero él lo hizo; y cerró su redonda faena poniendo rosas al cuarteo y cortas al violín. Llegó el toro fundido a la suerte suprema, y nada menos que cinco pinchazos se cargaron la Puerta Grande que tenía ganada, pero que no se le escaparía después.

Porque el taco que le formó al quinto fue aún más escandaloso. Esta vez, el recital de toreo de costado fue montando a "Nómada", digno hijo de "Nazarí"; el quiebro inverosímil, retranqueando antes de consumar la suerte, con "Lío"; y la traca final con un "Bronce" fundido con el toro, pisando unos terrenos a los que nadie más es capaz de llegar. Un pinchazo antes del rejón de muerte definitivo y la tardanza del toro en doblar no fue óbice para que el público pidiera las dos orejas para sacar a Diego Ventura por la Puerta Grande, único lugar por donde ha de salir un rejoneador responsable de tan portentoso recital de toreo a caballo.

Abriéndole plaza, Rui Fernandes tuvo una actuación discretísima, irrelevante en el toro que abrió plaza y fallona la del cuarto, aunque maquillada por unos vistosas piruetas. No mejoró mucho la cosa con Lea Vicens, que hizo una faena correcta e insulsa en su primer toro, con alguna banderilla bien puesta con "Diluvio" y poco más. La suerte suprema, perpetrada en tres tiempos, acabó con una surrealista e insuficiente petición de oreja concedida nadie sabe bajo qué extrañas motivaciones, pero taurómacas desde luego que no eran.

El sexto fue un toro excelente, pero Lea no pasó de correcta al clavar y muy poco comprometida en todas y cada una de las suertes, desaprovechando una oportunidad de oro para que, por ejemplo, yo tuviera que cambiar el titular de la crónica, pero la única realidad es que después de Ventura sigue sin haber nadie. A ver si el hijo cumple ya los catorce años...

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