Ya voy a estar yo en Sevilla…

Muletazo de Talavante al sobrero de Torrealta.

Desastrosa tarde con hasta tres sobreros, maquillada por el virtuosismo de Alejandro Talavante con un toro de Torrealta débil pero de mucha calidad.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Plaza 1

Madrid. Viernes, 29 de mayo. 19ª de abono. Lleno. 4 toros de Garcigrande y 2 sobreros de Torrealta (5º y 6º) muy desiguales de presencia y de juego variado. Más encastados 1º y 4º; muy flojos 2º, 3º y 6º; y blando pero con calidad el 5º. Morenito de Aranda, ovación en su lote; Alejandro Talavante, silencio y oreja; y Pablo Aguado, silencio en su lote.

La tarde era un muermo en el que cooperaba además un calor de espanto y un presidente de pañuelo (verde) veloz. Se lidiaba una corrida de Garcigrande con varios toros de muy poco fuelle, así que el buen aire que apuntaron no se concretó en algo positivo. Segundo y tercero, éste al correr turno tras devolverse un sobrero más flojo todavía, fueron buenos ejemplos de ello. Talavante ni se despeinó con uno y Aguado meció su capotito con el otro, con dos lances y una media de caricia. El galleo por chicuelinas posterior mantuvo las esperanzas para una faena de muleta que luego se diluyó, con el toro muy a menos. Ya con la noche pesando le echarían una criatura aquejada de gigantismo que también acabó en el gancho antes de la cuenta, y el tercer sobrero, de Torrealta, valió poco y también Pablo se dejó coger la muleta casi todas las veces.

Antes de todo esto, había lidiado ya Morenito de Aranda los dos únicos garcigrandes con carácter de la tarde. El que abrió plaza fue el que más me gustó de todos, enrazado y humillando, aunque volviéndose a la par de la muleta más veces de la cuenta. El otro tuvo nervio, no fue fácil, pero embistió mejor cuando fue bien toreado, muy pocas veces dicho sea de paso. Porque aunque Morenito salió muy decidido desde la larga cambiada con la que comenzó su tarde, lo cierto es que le pudo el ansia. Más acoplado en su primero en momentos puntuales,  bajando la mano y sometiendo a su oponente; la abundante faena al cuarto se perdió entre trallazos y muy mala colocación, pecados que esta vez importaron poco a los tendidos más beligerantes. Muy bien con la espada en sus dos toros, saludó en ambos desde el tercio.

Dispuesto Talavante a que nos quedáramos aquí hasta el Día del Corpus hizo luego lo imposible para que le devolvieran el quinto echando el capote abajo, y al final se salió con la suya. De sobrero, un muy armado pero fino toro de Torrealta se caía más que el titular, pero como tenía muy buena clase y exquisito temple, Alejandro lo cuidó y el presidente terminó de salvarlo.

Valió la pena. Tras un inicio de rodillas que acabó con el toro también arrodillado, se dejó luego de bravatas y asentó a su oponente sin una sola brusquedad en quince muletazos prodigiosos de tacto y tersura, con unos naturales y cambios de mano que empezaron definitivamente a tornar las lanzas en cañas. Luego el animal volvió a perder inoportunamente las manos, y Alejandro se enredó en un arrimón ya con el toro exhausto que dividió las opiniones, y no digamos cuando le dieron la oreja después de una estocada impecable. Fue el momento polémico de la tarde,  junto con la trifulca que un rato antes acaeció en la grada,  y en la que cuatro notas se repartieron ostias como panes. Ya voy a estar yo en Sevilla...

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