Medias tintas
Faena sin concretar de Fortes; oreja muy pobre de David de Miranda; y obra meritoria que no explota de Víctor Hernández ante una corrida de Alcurrucén que apunta sin disparar.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Plaza 1
Madrid, 24 de mayo. 15ª de la Feria de San Isidro. “No hay billetes”. Toros de Alcurrucén, en general bien presentados y toreables, aunque la mayoría de escaso fondo. Fortes, silencio tras aviso en ambos. David de Miranda, oreja muy protestada tras aviso y ovación; y Víctor Hernández, silencio y silencio tras dos avisos.
Una cierta contradicción resume la sensación final que dejó la tarde de los toros de Alcurrucén. Con todos pasaron cosas buenas, pero no las suficientes para que una de las seis faenas explotara de verdad; y para que uno de los toros convenciera plenamente. Tres toros bajos y tres más altos compusieron el sexteto que la familia Lozano llevó a Madrid. Toda la corrida se dejó torear, abundando las embestidas nobles, mejor en los inicios que en los finales de faenas, y también de los pases.
Mi preferido fue el lidiado por Fortes en cuarto lugar, bajísimo, muy serio, levemente cornivuelto. Tuvo una nobleza superlativa y Fortes le hizo cosas magníficas, como un par de dobladas torerísimas, y unos naturales inconexos pero dando todo el pecho al toro y rematando las suertes muy detrás de la cadera. Una serie en redondo, ésta sí bien ligada, tuvo el ritmo y la limpieza que le faltó al conjunto de la obra, con demasiadas pausas, cierta descolocación y más enganchones de lo debido. Con la espada afeó un conjunto con momentos brillantes junto a otros grisáceos.
Debió cortarle la oreja a ese toro, cosa que hubiera logrado con doce muletazos seguidos bien pegados. De esta forma, además, le hubiese dejado claro a sus compañeros (a David de Miranda concretamente), que no estaba de sobresaliente en el cartel. Ello, al hilo de la competencia en quites que libraron el onubense y Víctor Hernández con Fortes como convidado de piedra en el segundo toro de la tarde. Tras intervenir Víctor Hernández en su turno, David replicó a Víctor con un tercer quite, y luego invitó al alcarreño a una contrarréplica que, una vez consumada, tuvo nueva respuesta del onubense. En total, hasta cuatro quites diferentes que obvio describir porque lo cierto y verdad es que no hubo ni uno bueno, pese al júbilo que provocó el pique en los tendidos.
Los rescoldos de aquel jolgorio dieron para que David de Miranda se llevara una oreja de escasa justificación y muy protestada por buena parte del público. El toro, también descarado y enseñando las palas tuvo cierto empuje pero sus embestidas, llegada la faena a su ecuador, fueron de índole defensiva más que otra cosa. David comenzó muy quieto por estatuarios y hubo una primera serie vibrante, con el toro yendo y viniendo con empuje. Luego, el de Alcurrucén comenzó a defenderse hasta desarmar al torero y casi echarle mano. Cambiado de mano, se puso muy de frente con la izquierda, sacando algún muletazo estimable dentro de un conjunto de poco fuste rematado con bernadinas. La estocada fue meritoria. La oreja, extrañísima.
La faena de mayor interés, de más mérito, llevó la firma de Víctor Hernández y fue la que le hizo al muy cuajado sexto toro, duro de roer, de acometida seca y poco humillada. Bien puesto en su sitio y con la muleta colocada en la misma cara del toro, fue desengañándolo a base de tragar y atornillar las zapatillas, exprimiendo a su oponente hasta cuajar tres series en las que plasmó por momentos la pureza atomasada que define su tauromaquia. Con la espada emborronó todo lo bueno que hizo, que no fue poco.
Las otras tres lidias, en los toros primero, tercero y quinto, tuvieron menos que desmenuzar. Muy noble pero apagado el primero, Fortes apuntó el toreo que lleva dentro; terciado y blando el tercero, tuvo Víctor al público enfrentado con el palco; y noble pero desfondado el quinto, el buen inicio de David de Miranda no sostuvo al resto de la faena. Podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, pero las medias tintas suelen dejar las cosas en el olvido.