Julio Norte y Mario Vilau quieren ser toreros de verdad
El salmantino salió por la Puerta Grande en un brillante y arrollador debut. También dejó una gran impresión el catalán, que cortó una oreja y resultó herido en su presentación. Pedro Luis mostró templanza, pero sin conexión con los tendidos.
Por Alfonso Santiago / Foto: Plaza 1
Madrid. 19 de mayo. 10ª de la Feria de San Isidro. Más de tres cuartos de entrada. 6 novillos de Fuente Ymbro, muy desiguales de presentación y de variado juego en su conjunto. 1º mansote y sin entrega; 2º noble, sin excesiva fuerza; sin clase, se dejó el 3º; noble y muy manejable el 4º; deslucido el 5º; bueno el 6º, sobre todo por el pitón derecho. Pedro Luis, silencio y silencio tras dos avisos; Mario Vilau, oreja y fuerte ovación al marcharse por su pie a la enfermería; Julio Norte, oreja tras aviso con algunas protestas y oreja. Salió por la Puerta Grande.
Mario Vilau y Julio Norte hicieron su presentación en esta plaza. Vilau fue atendido de una cornada en la cara anterior del tercio superior del muslo izquierdo con trayectoria de 15 cms., que produce destrozo en músculo sartorio y contusiona arteria femoral. Pronóstico grave. Bien en la brega José Luis Triviño y Rafael Rosa; y con la vara, Alberto Sandoval.
Resulta muy gratificante ver cómo siguen saliendo toreros para que los aficionados podamos mirar al futuro con optimismo. La segunda novillada de la feria de San Isidro fue un gran ejemplo de ello. La arrolladora presencia de Julio Norte, al que ya se le anuncia su alternativa, fue un serio toque de atención con el que el salmantino demostró una capacidad, una raza y un ansia por querer ser torero verdaderamente deslumbrantes. Puede serlo, sin duda, a pesar de que el camino apenas ha empezado. Como también está en la senda para alcanzarlo Mario Vilau, que dejó constancia de unas maneras formidables. Al catalán, por desgracia, le tocó pagar con sangre, pero eso forma parte del guion cuando se llega a una plaza como la de Madrid dispuesto a todo.
Mario recibió a sus dos novillos a portagayola y no se dejó nada por hacer. De diferente condición, los de Gallardo le pidieron cosas distintas. El que hizo segundo, noble, pero medido de fuerza, exigía templanza y pulso para sacar a flote su buena condición, a sabiendas de que tampoco le iba a durar mucho. Vilau se asentó de principio, con un comienzo de faena de rodillas en el que llevó prendida la embestida con suavidad. Esa fue la tónica de su medida labor, especialmente con la mano izquierda. Sin tirones, muy pulseado el trazo del muletazo, con gusto, vació la embestida con algunos pases de pecho de categoría. Cuando el novillo casi se aplomó definitivamente, Vilau fue capaz de apurar las últimas embestidas antes de propinar una extraordinaria estocada que, por sí sola, valía la oreja.
Con esta primera carta de presentación, Mario se volvió a ir a la puerta de chiqueros para recibir al quinto, un animal que pronto demostró menos fuelle y recorrido. El catalán lo intentó mucho, pero en una de esas el utrero se le quedó debajo y le lanzó una seco derrote metiéndole el pitón. No llegó ni a tirarlo a la arena, pero se vio claramente que estaba herido. Le hicieron un torniquete y, sin mirarse, se tiró tras la espada para cobrar otro espadazo sensacional. Luego, entre una gran ovación, atravesó el ruedo por su propio pie y con la cabeza muy alta, como no podía ser de otro modo.
Y por la Puerta Grande se marchó Julio Norte después de tener que hacer frente a un primer novillo protestado por su presentación. El ambiente que se creó ante la presencia de ese animal, cuya escasez de trapío y, sobre todo, su fealdad desentonaba en una novillada de esta categoría, fue otro obstáculo al que supo vencer y dar respuesta Julio Norte. Nunca se dejó llevar por las protestas, y sin venirse abajo, le cuajó una faena poderosa, de mano baja, arreando sin cuartel. En la parte final de su faena demostró además que en la corta distancia se siente a gusto. Se tiró tras la espada como un cañón, pero lo cierto es que el acero quedó bajo, de ahí que algunos, con toda lógica, le protestaran la concesión de la oreja.
Pero cuando salió el sexto Norte puso a todos de acuerdo. A su favor contó con el mejor novillo de Ricardo Gallardo, sobre todo, por su forma de embestir por el pitón derecho. Desde la larga de rodillas en el tercio en el que a punto estuvo de ser arollado, hasta el puñetazo final con la espada que, ahora sí, quedó en todo lo alto, la actuación de Julio prendió con fuerza en los tendidos. Clavado de rodillas en los medios, los dos pases cambiados por la espalda metieron de lleno a la gente en su labor. Desde ese momento, Norte no dejó de arrear. Le dio sitio al fuenteymbro en las primeras series en redondo, lo embarcó perfectamente, lo llevó muy por abajo y despidió las tandas con pases de pecho igual de largos. Menos entrega tuvo por el lazo zurdo, lo que se tradujo en una fortísima voltereta. Se libró de la cornada por poco. Tras la cogida buscó la cercanía de los pitones con firmeza y ese fondo de valor que le llevó a mostrar sus credenciales en una tarde que, como queda dicho, culminó con un soberano espadazo y le pone de cara a su alternativa en un lugar de preferencia.
El que se fue de vacío, y me atrevería a decir que casi incomprendido absolutamente, fue el peruano Pedro Luis, que toreó con el capote con buen estilo y manejó la muleta con gusto, especialmente ante el buen cuarto. Pero la mecha de la emoción que prendieron sus dos compañeros de terna fue inexistente ante el novillero de Lima. Más cuando se eternizó con la espada en su segundo.