A Tomás Rufo le puede la presión

Apuesta insuficiente del toledano frente a un gran toro de La Quinta que salva el honor de la divisa. Incomprendida faena de Daniel Luque.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Plaza 1

Madrid. 9 de mayo. 2ª de la Feria de San Isidro. “No hay billetes”. 6 toros de La Quinta, bien presentados, deslucidos 1º, 2º y 4º; complejos 3º y 5º; y bravo y noble, un gran toro, el 6º. Miguel Ángel Perera, división y pitos; Daniel Luque, silencio y silencio tras aviso; y Tomás Rufo, silencio tras aviso en ambos.

Saludaron en banderillas Sergio Blasco, Fernando Sánchez, Jesús Arruga y Juan Contreras. Buena lidia de Daniel Duarte y gran puyazo de Juan Melgar.

La primera de las dos corridas de la Quinta que se anunciaban en San Isidro estaba defraudando. Los toros manejables no tenían raza, y los que la tenían desarrollaban sentido. Más interesante desde luego este último caso pues siempre es preferible pasar miedo a bostezar, hasta la salida del sexto hubo dos faenas a tener en cuenta.

Una fue la de Tomás Rufo al tercer toro, imponente y a la vez bonito, con cuajo y mirada viva que traspasaba al torero. Tuvo un pitón derecho con opciones, pero demandaba aguante y mando, tirar la moneda, porque el toro entraba dormido a la muleta, sin romper. Tomás hizo un gran esfuerzo pero insuficiente para traspasar la raya. Una tanda con la derecha fue más lograda, muy meritoria, pero la gasolina no le dio para seguir en ese plan, queriendo sin acabar de poder, empleando más tiempo en colocarse que en torear. Por el izquierdo, un pitón difícil, ni pudo asentar los pies.

El otro toro que tuvo su miga fue el quinto de la tarde, caído en el lote de un Daniel Luque hostigado tras una faena incomprendida. Consintiendo a su enemigo, fue metiéndolo en la muleta hasta arrancarle dos series limpias, incluso ligadas, tapando sus arrancadas defensivas con una serenidad notoria, con un valor sin alardes. Faena sorda y esfuerzo ingrato, salvo para la tranquilidad de conciencia.

Los dos toros de Miguel Ángel Perera, incluso el andarín primero, se dejaron pegar pases, pero con una falta de celo llamativa. Llegaban hasta el embroque y luego se aflojaban, saliendo muy a su aire. El primero de Luque fue muy similar, aunque la actitud del sevillano fue más positiva que la del extremeño, desencantado a sabiendas de que no había mucho que hacer, y desastroso con los aceros. Daniel había ejecutado en ese primer toro suyo el único toreo de capote digno de resaltar, unos lances templados de salida, gustándose, y un buen quite por cordobinas.

La tarde pudo haber cambiado su curso en el último turno, porque el sexto de La Quinta, más playerón pero muy bajo, humilló con profundidad y entrega por los dos pitones. La faena de Rufo fue esforzada, vibrante, poderosa por momentos, pero pasado de revoluciones y con el sello perdido. Pródiga en derechazos, muy parca en naturales, errática en su atropellado epílogo por bajo y mal rematada con los aceros. Para colmo una parte del público se la tiene sentenciada, y aunque lo intenta, yo creo que no puede con la presión. Se le fue un toro de dos orejas.









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